El contracargo lo inicia el banco emisor del titular: el cliente afirma que no hizo el pago, no recibió el producto o recibió otro. El importe se descuenta al comercio, que puede disputarlo con pruebas como mensajes, seguimiento del envío o registros de acceso.

Además del importe, el comercio suele pagar una comisión por cada contracargo. Si las disputas superan los umbrales de las redes (por lo general cerca del 1 % de las transacciones), el adquirente puede aplicar programas de monitoreo, subir la reserva o cerrar la cuenta.

Un descriptor claro en el estado de cuenta, 3-D Secure, soporte rápido y reembolsos sencillos reducen los contracargos. Las transferencias instantáneas como PIX o SPEI funcionan distinto y no tienen el contracargo clásico de tarjetas.

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